La catedral de la música.

A la vanguardia desde 1980.

Corría el verano del ochenta en Les Palmeres, una pedanía de la localidad Valenciana de Sueca. En un antiguo secadero y almacén de arroz, y con un diseño revolucionario y vanguardista inspirado en la casita de chocolate que aparecía en el cuento de Hansel y Gretel abrió sus puertas lo que hoy es, sin duda, un santuario de la electrónica en la escena nacional; Chocolate.

Desde el primer día se convirtió en un punto de peregrinación donde grandes cantidades de publico se evadían en este edén del mundo real al que estaban ligados de Lunes a Viernes. Lejos de ofrecer una sesión al uso, Chocolate fue la primera discoteca en programar conciertos a partir de las 7 de la mañana, algo inédito por aquel entonces y que además suponía una continuación a la sesión nocturna.

Apostando por los sonidos más oscuros y góticos, siguiendo una línea de eclecticismo musical Chocolate se convirtió en un lugar de peregrinación con un publico tolerante, abierto y tremendamente hedonista.

La música iba a la par con la ambientación, una sala de iluminación tenue en la pista de baile condo Toni Vidal, más conocido como Toni El Gitano ponía ritmo y melodía a los primeros años de la sala, pinchando a gente como Bauhaus, Art of Noise, Throbbing Gristle, 400 Blows, Cabaret Voltaire, 1000 Mexicans, Anne Clark, The Lords of the New Church y muchas otras rarezas de corte mayoritariamente siniestro y oscuro, tanto en temas de guitarra como en temas electrónicos (en muchos casos electrónica y rock experimentales), aunque no faltaron sonidos más rabiosos como los Ramones, The Cramps o The Meteors.

Tras unos años en cabina, Toni Vidal fue sustituido por Jose Conca, quien no tenía la peculiar visión musical de Toni Vidal, pero a cambio fue quien llevó la técnica depurada que había implantado Fran Lenaers en Spook y que estaba causando furor, hecho que hizo que Chocolate viviera una segunda etapa dorada que empezó a finales de los años 1980.

Desgraciadamente, en los años 1996 y 1997 se produjo una gran crisis de público en la mayoría de discotecas de la zona, debido sobretodo a la implacable persecución tanto mediática como policial a la que los jóvenes se veían sometidos. Esta persecución provocaba el que la juventud dejara de coger el coche para salir de fiesta y se decantara más por quedarse en su ciudad. Así, muchas de las salas que tan solo años atrás estaban siempre llenas tuvieron que cerrar sus puertas. La primera fue NOD, después vendrían otras clásicas como Espiral, Heaven, ACTV, Spook y Barraca.

A pesar de la crisis que vivía el sector, nuestro templo seguía con su público y con su estilo único de música bajo una de las residencias más largas en el mundo de la noche Valenciana, 16 años con el maestro, Jose Conca, quien estuvo al mando de la cabina hasta el año 2002, definiendo un estilo musical clave para el desarrollo artístico de la sala.
Con la entrada del siglo 21, y después de vivir otra etapa dorada durante los años 97, 98, 99 y 00 las nuevas generaciones tanto artísticas como administrativas tomaron el testigo del relevo en el santuario, con Victor Conca, Héctor Alias, Dani Polo, Alberto Suarez, Oskar 41 o Juanfran en la cabina, y con Karina, Carlos “El Nata” o Juan Alfa en la parte administrativa.

Pocos años más tarde, en Noviembre de 2004 se marcaría la fecha final para Chocolate. Ese día y para recordar toda la historia de la sala acudirían a pinchar casi todos los DJ’s que en algún momento de su vida habían sido residentes. Con un horario especial que se alargaría hasta más allá del mediodía, se celebraría la última gran fiesta de la mítica discoteca. El lleno es total, hacía años que no se veía algo así, todos los DJs sacarían lo mejor de sus maletas para el que en algún momento de su carrera había sido su público.

Después de 26 años, la discoteca cambia de dueño y por tanto también de dirección dejando Artemio Guardiola y Vicente Val de ser las caras más representativas de Chocolate. La nueva dirección con Lorenzo Monzó decide realizar grandes cambios para intentar asentar definitivamente en la nueva escena nocturna a la discoteca, llevando como estandarte al prestigioso sello Contraseña Records junto con la parte más agresiva en su división C.H.R, donde artistas como Bassdrum Project, Alex Gimenez, DJ Ogalla o Paco Rincón publicaron muchos de los tracks que hoy en día siguen sonando, llegando a atravesar las fronteras y creando una sinergia con la escena internacional más hard. De esta forma, artistas como DJ Coone, Mystery, Poogie Bear, Mark V o Da Tekno Warriors actuarían en diferentes ocasiones en el santuario electrónico de Sueca.

Más adelante, con el paso del tiempo y debido en gran parte a la crisis de público derivada por el cambio radical de las modas, Chocolate se vería obligado por segunda vez a cerrar sus puertas.

Es entonces cuando entra en escena el joven Salvador Fortea, nacido y crecido en el pueblo de Sueca y fiel practicante de la religión Chocolatera, quien adquiriría la sala y marca para llevar a cabo uno de sus mayores sueños; perpetuar el espíritu de la Catedral de la Música. Él, junto con Juan Alfa, quien por aquel entonces ya llevaba más de 10 años como director de seguridad y relaciones públicas, emprendieron un nuevo camino que no han abandonado hasta la fecha, llevando a Chocolate y su marca al punto en el que merecen.

Durante los años siguientes azotada por la gran depresión del 2008 Chocolate se ve, al igual que la mayoría de las salas de Valencia, muy afectada por la crisis y en el año 2012 cierra de nuevo sus puertas.

Aunque este hecho no hizo que la ilusión y el esfuerzo por cumplir aquel sueño desaparecieran sino todo lo contrario. El proyecto de Chocolate se renueva y se adapta a los tiempos que corrían, dando paso a una nueva generación tanto artística como tecnológica y añadiendo al equipo de residentes que formaban Oskar 41 y David DTX a Dani Polo junto con Alex Beat para una vez más, acoger a todas y cada una de las generaciones criadas a golpe de bombo y platillo.

Desde 2012 hasta 2020 la marca Chocolate realiza diversos eventos en salas y espacios de Valencia hasta llegar a instalar su base de operaciones en la Discoteca Don Julio, y más adelante en Spook, donde se consolidaría el proyecto de marca dando lugar a eventos con una gran asistencia de público mestizo y hermanado, con gente de las cinco generaciones que abarca Chocolate confluyendo juntos en la pista para seguir dando vida a esa esencia que solo tiene la Catedral.

En 2020, después de casi ocho años de lucha la propiedad y la gerencia de Chocolate consiguen recuperar las instalaciones y es entonces cuando se gesta el actual proyecto, en el que se acondiciona, reforma y replantea una posible nueva apertura de la sala original, cuarenta años después, en el único lugar donde se respira la magia pura y sin adulterar de la esencia de la casita de Hansel y Gretel, en aquel antiguo secadero y almacén de arroz rodeado de campos y marjal, en la Catedral de la música. En la discoteca Chocolate.
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